Reflexión sobre “Participación de la Comunidad Escolar en la Educación”
de Silvino Diana Vázquez.
El autor, al principio del texto,
nos plantea que la escuela tradicional reproduce modelos de sociedad donde el
poder emana de poderes absolutos. De esta manera el profesor tomará un rol
autoritario sobre los alumnos. Sin embargo, también nos dice, que con la
llegada de las sociedades democráticas, este modelo va cambiando. Hemos de
aceptar que los roles, en muchos casos han cambiado, pero ¿podemos asumir lo mismo con la participación? Estamos en una
sociedad que llamamos democrática, sí, pero yo también me atrevería a decir que
es una sociedad conformista, donde se ejerce esa “democracia” de manera
esporádica y dónde en muchas ocasiones no existe un verdadero compromiso
ciudadano, sino que nos conformamos con lo que tenemos, con el clásico “votar
cada cuatro años”. Si la escuela, como nos dice Silvino Diana Vázquez, es un
reflejo de la sociedad en la que se inserta, ¿no habrá en nuestra comunidad
educativa cierto conformismo por parte de ciertos sectores muy importantes
(padres/madres y alumnos/as)?
En las entrevistas realizadas a
varias familias para un trabajo de otra asignatura se preguntaba por la
participación de éstas en los centros. La mayoría tenían un perfil de
participación muy bajo, que se limitaba tan solo a acudir a las reuniones con
los tutores. Cuando se preguntaba por el por qué de esta baja participación
solían responder que no sentían la necesidad de hacerlo, no se sentían animados
suficientemente por el centro y el poco tiempo libre que tienen lo prefieren
emplear en otros asuntos. Así como la falta de información. Muchas familias no
sabían realmente cuales eran los cauces
mediante los cuales pueden hacer efectiva su participación, más allá de acudir
a reuniones y apuntarse al AMPA. Esto es
un ejemplo de cómo muchas familias se sienten conformes con su no participación
en los centros educativos. Como hemos dicho antes, en las entrevistas no
sentían una gran necesidad de hacerlo y se conformaban con acudir a reuniones.
Sin duda, una de las mejoras de nuestro sistema educativo tiene pasar por este
punto.
En el texto se hace un
interesante recorrido por la participación en las diferentes leyes de educación
españolas hasta la de 1995, para después pasar a analizar los distintos niveles
o formas de participación (Consejo Escolar, Claustro de Profesores,
participación del alumnado, a nivel autonómico y a nivel de Estado, así como la
participación a través del Proyecto Educativo de Centro, el Reglamento de
Régimen Interior, la Programación General Anual y el Proyecto Curricular de
Etapa), pero significativas pueden ser las conclusiones que se exponen al
final. En estas conclusiones se dice que los centros educativos son reflejo de
la sociedad donde se insertan, y por lo tanto, funcionan con una organización y
relaciones propias. Desde el principio del texto se deja vislumbrar esta idea,
con la que estoy de acuerdo. El contexto a gran escala (estatal) y a menor
escala (barrio, ciudad) en el que se inserta el centro es fundamental para su
funcionamiento. La participación que haya en ese centro y desde ese centro, por
lo tanto, va a estar marcada en cierta medida por dichos contextos. También se
aborda otra cuestión en las conclusiones: se habla de que la participación de
las familias y los alumnos siempre ha existido, sin embargo, no se hace un
análisis del nivel de esta participación. Como ya hemos visto anteriormente,
muchas familias entran en un círculo de conformismo con una participación
realmente limitada. Por ello, aunque la participación de alumnos (con lo que
suele pasar lo mismo) y de las familias siempre esté ahí, creo que es
importante que se analicen en la práctica. Es decir, a qué nivel de
participación llegan la mayoría de los alumnos y familias.
A raíz de esta última propuesta
surge una pregunta: ¿hace la ley la participación? Es decir, las leyes que
hemos ido viendo a lo largo del texto dan la posibilidad de la participación,
pero creo que hay otro nivel que tenemos que trabajar y que es igual de
importante: hacer ver a las familias y alumnos que esa participación es
necesaria y que tienen derecho a ejercerla.
Por último, en las conclusiones
se nos habla de la participación a nivel institucional. Igual que pasa con el
punto anterior, simplemente se deja entrever su importancia. Dejando claro que
se hace efectiva desde 1978, es decir, con la actual Constitución española, y
por lo tanto, una vez que ha terminado la dictadura franquista. Sin embargo,
creo que sería muy interesante haber realizado un análisis más profundo de la
influencia a nivel institucional por medio de la participación que se habla en
el texto.
Reflexión sobre ”Interculturalidad, gestión de la convivencia y diversidad
cultural en la escuela: un estudio de las actitudes del profesorado” de Juan J. Leiva Olivencia.
El texto aborda uno de los
fenómenos con los que nos vamos a encontrar en las aulas: la variedad cultural
derivada de las migraciones. Sin duda, esta situación, a la vez que plantea
cierto reto a nuestro sistema educativo, emerge como un factor positivo en las
aulas, ya que la interacción y la integración de diferentes culturas en un
mismo espacio y participando de un proceso de enseñanza-aprendizaje al mismo
tiempo, puede resultar muy beneficioso para el conjunto de los alumnos y
alumnas. Por ello estoy de acuerdo con el autor cuando habla de:
Las oportunidades
que nos ofrece la diversidad cultural como elemento de intercambio fructífero
de valores y actitudes, rompiendo prejuicios e iniciando espacios de interrelación
e intercambio, creando así lazos e interdependencias entre los grupos culturales
diversos que conviven en una misma realidad escolar. (p. 2)
Sin duda, en nuestra labor como
docentes debemos saber aprovechar estas oportunidades y convertir el aula en un
espacio de tolerancia, de creación de vínculos positivos, así como de apreciación
y valoración positiva de la interculturalidad.
Al encontrarnos en un aula o
centro con un contexto intercultural hay un factor, que entre otros, va a ser
clave: la convivencia. Los conflictos surgidos a raíz de choques culturales
pueden distorsionar la convivencia y afectar a los procesos de integración y
comunicación. No solo hago referencia con esto a los conflictos que puedan
surgir entre los alumnos/as, sino que tenemos que tener en cuenta que los
profesores/as y tutores/as van a tener que relacionarse con familias y alumnos
de contextos culturales muy diferentes, donde no siempre la comunicación va a
ser fácil. Sin embargo, la buena resolución de estos conflictos y, como se dice
en el texto, el hecho de asumir la existencia de ciertos problemas, puede
enriquecer la labor docente. Transformar, superar y aprender mediante el
diálogo y la cooperación, sin duda es positivo, no solo para los docentes o el
alumnado, sino para el conjunto de la comunidad educativa.
Me parecen muy interesantes y
estoy totalmente de acuerdo con las propuestas de una escuela multicultural
basada en un funcionamiento democrático a través de la cooperación y la
participación de todas las partes implicadas, porque ¿podríamos hablar de
escuela multicultural con otros supuestos? Sin duda para que los procesos de
inclusión, integración, tolerancia e igualdad se vayan realizando con éxito ese
tiene que ser el camino a seguir. El texto nos habla de cuatro pilares esenciales:
“conocimiento intercultural, convivencia democrática, igualitarismo y
participación comunitaria“(p. 3).
En el estudio realizado que se
expone en el texto, me ha resultado curioso que haya un alto porcentaje de docentes
que vean en los conflictos una oportunidad para educar en valores (me parece
positivo), pero sin embargo, el porcentaje de docentes que ven en los
conflictos un instrumento de aprendizaje sea tan bajo. Desde mi punto de vista,
los conflictos que se originan en el entorno escolar, sean por el motivo que
sean, y la manera de solucionarlos, siempre pueden resultar un instrumento de
aprendizaje, no solo de valores, sino que se puede acercar a los contenidos de
las materias: filosofía, ética, entender la sociedad, su manera de pensar, de
actuar, etc.
La variedad cultural en un centro
también representa un reto para el docente. Las dificultades a las que se
enfrentan los alumnos y alumnas inmigrantes tienen que ser tenidas en cuenta
por el profesor o profesora a la hora de desarrollar sus metodologías o de aplicar
el currículum. Por ello creo que son interesantes las propuestas finales del
texto sobre la formación que debe adquirir el profesorado ante toda esta
situación, ya que debemos tener los recursos necesarios a la hora de formar
parte de una educación intercultural.
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