sábado, 18 de enero de 2014

Reflexión sobre el cuarto y quinto texto. Aránzazu Varela.



Reflexión sobre “Participación de la Comunidad Escolar en la Educación” de Silvino Diana Vázquez.

El autor, al principio del texto, nos plantea que la escuela tradicional reproduce modelos de sociedad donde el poder emana de poderes absolutos. De esta manera el profesor tomará un rol autoritario sobre los alumnos. Sin embargo, también nos dice, que con la llegada de las sociedades democráticas, este modelo va cambiando. Hemos de aceptar que los roles, en muchos casos han cambiado, pero ¿podemos asumir lo  mismo con la participación? Estamos en una sociedad que llamamos democrática, sí, pero yo también me atrevería a decir que es una sociedad conformista, donde se ejerce esa “democracia” de manera esporádica y dónde en muchas ocasiones no existe un verdadero compromiso ciudadano, sino que nos conformamos con lo que tenemos, con el clásico “votar cada cuatro años”. Si la escuela, como nos dice Silvino Diana Vázquez, es un reflejo de la sociedad en la que se inserta, ¿no habrá en nuestra comunidad educativa cierto conformismo por parte de ciertos sectores muy importantes (padres/madres y alumnos/as)?

En las entrevistas realizadas a varias familias para un trabajo de otra asignatura se preguntaba por la participación de éstas en los centros. La mayoría tenían un perfil de participación muy bajo, que se limitaba tan solo a acudir a las reuniones con los tutores. Cuando se preguntaba por el por qué de esta baja participación solían responder que no sentían la necesidad de hacerlo, no se sentían animados suficientemente por el centro y el poco tiempo libre que tienen lo prefieren emplear en otros asuntos. Así como la falta de información. Muchas familias no sabían  realmente cuales eran los cauces mediante los cuales pueden hacer efectiva su participación, más allá de acudir a reuniones y apuntarse al AMPA.  Esto es un ejemplo de cómo muchas familias se sienten conformes con su no participación en los centros educativos. Como hemos dicho antes, en las entrevistas no sentían una gran necesidad de hacerlo y se conformaban con acudir a reuniones. Sin duda, una de las mejoras de nuestro sistema educativo tiene pasar por este punto.

En el texto se hace un interesante recorrido por la participación en las diferentes leyes de educación españolas hasta la de 1995, para después pasar a analizar los distintos niveles o formas de participación (Consejo Escolar, Claustro de Profesores, participación del alumnado, a nivel autonómico y a nivel de Estado, así como la participación a través del Proyecto Educativo de Centro, el Reglamento de Régimen Interior, la Programación General Anual y el Proyecto Curricular de Etapa), pero significativas pueden ser las conclusiones que se exponen al final. En estas conclusiones se dice que los centros educativos son reflejo de la sociedad donde se insertan, y por lo tanto, funcionan con una organización y relaciones propias. Desde el principio del texto se deja vislumbrar esta idea, con la que estoy de acuerdo. El contexto a gran escala (estatal) y a menor escala (barrio, ciudad) en el que se inserta el centro es fundamental para su funcionamiento. La participación que haya en ese centro y desde ese centro, por lo tanto, va a estar marcada en cierta medida por dichos contextos. También se aborda otra cuestión en las conclusiones: se habla de que la participación de las familias y los alumnos siempre ha existido, sin embargo, no se hace un análisis del nivel de esta participación. Como ya hemos visto anteriormente, muchas familias entran en un círculo de conformismo con una participación realmente limitada. Por ello, aunque la participación de alumnos (con lo que suele pasar lo mismo) y de las familias siempre esté ahí, creo que es importante que se analicen en la práctica. Es decir, a qué nivel de participación llegan la mayoría de los alumnos y familias. 

A raíz de esta última propuesta surge una pregunta: ¿hace la ley la participación? Es decir, las leyes que hemos ido viendo a lo largo del texto dan la posibilidad de la participación, pero creo que hay otro nivel que tenemos que trabajar y que es igual de importante: hacer ver a las familias y alumnos que esa participación es necesaria y que tienen derecho a ejercerla. 

Por último, en las conclusiones se nos habla de la participación a nivel institucional. Igual que pasa con el punto anterior, simplemente se deja entrever su importancia. Dejando claro que se hace efectiva desde 1978, es decir, con la actual Constitución española, y por lo tanto, una vez que ha terminado la dictadura franquista. Sin embargo, creo que sería muy interesante haber realizado un análisis más profundo de la influencia a nivel institucional por medio de la participación que se habla en el texto. 



Reflexión sobre ”Interculturalidad, gestión de la convivencia y diversidad cultural en la escuela: un estudio de las actitudes del profesorado” de Juan J. Leiva Olivencia.

El texto aborda uno de los fenómenos con los que nos vamos a encontrar en las aulas: la variedad cultural derivada de las migraciones. Sin duda, esta situación, a la vez que plantea cierto reto a nuestro sistema educativo, emerge como un factor positivo en las aulas, ya que la interacción y la integración de diferentes culturas en un mismo espacio y participando de un proceso de enseñanza-aprendizaje al mismo tiempo, puede resultar muy beneficioso para el conjunto de los alumnos y alumnas. Por ello estoy de acuerdo con el autor cuando habla de:

Las oportunidades que nos ofrece la diversidad cultural como elemento de intercambio fructífero de valores y actitudes, rompiendo prejuicios e iniciando espacios de interrelación e intercambio, creando así lazos e interdependencias entre los grupos culturales diversos que conviven en una misma realidad escolar. (p. 2)

Sin duda, en nuestra labor como docentes debemos saber aprovechar estas oportunidades y convertir el aula en un espacio de tolerancia, de creación de vínculos positivos, así como de apreciación y valoración positiva de la interculturalidad.

Al encontrarnos en un aula o centro con un contexto intercultural hay un factor, que entre otros, va a ser clave: la convivencia. Los conflictos surgidos a raíz de choques culturales pueden distorsionar la convivencia y afectar a los procesos de integración y comunicación. No solo hago referencia con esto a los conflictos que puedan surgir entre los alumnos/as, sino que tenemos que tener en cuenta que los profesores/as y tutores/as van a tener que relacionarse con familias y alumnos de contextos culturales muy diferentes, donde no siempre la comunicación va a ser fácil. Sin embargo, la buena resolución de estos conflictos y, como se dice en el texto, el hecho de asumir la existencia de ciertos problemas, puede enriquecer la labor docente. Transformar, superar y aprender mediante el diálogo y la cooperación, sin duda es positivo, no solo para los docentes o el alumnado, sino para el conjunto de la comunidad educativa. 

Me parecen muy interesantes y estoy totalmente de acuerdo con las propuestas de una escuela multicultural basada en un funcionamiento democrático a través de la cooperación y la participación de todas las partes implicadas, porque ¿podríamos hablar de escuela multicultural con otros supuestos? Sin duda para que los procesos de inclusión, integración, tolerancia e igualdad se vayan realizando con éxito ese tiene que ser el camino a seguir. El texto nos habla de cuatro pilares esenciales: “conocimiento intercultural, convivencia democrática, igualitarismo y participación comunitaria“(p. 3). 

En el estudio realizado que se expone en el texto, me ha resultado curioso que haya un alto porcentaje de docentes que vean en los conflictos una oportunidad para educar en valores (me parece positivo), pero sin embargo, el porcentaje de docentes que ven en los conflictos un instrumento de aprendizaje sea tan bajo. Desde mi punto de vista, los conflictos que se originan en el entorno escolar, sean por el motivo que sean, y la manera de solucionarlos, siempre pueden resultar un instrumento de aprendizaje, no solo de valores, sino que se puede acercar a los contenidos de las materias: filosofía, ética, entender la sociedad, su manera de pensar, de actuar, etc. 

La variedad cultural en un centro también representa un reto para el docente. Las dificultades a las que se enfrentan los alumnos y alumnas inmigrantes tienen que ser tenidas en cuenta por el profesor o profesora a la hora de desarrollar sus metodologías o de aplicar el currículum. Por ello creo que son interesantes las propuestas finales del texto sobre la formación que debe adquirir el profesorado ante toda esta situación, ya que debemos tener los recursos necesarios a la hora de formar parte de una educación intercultural.
 

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